E-Portfolio Juan Amorín - Proyecto Educativo de Centro

 


 E-Portfolio
Juan Amorín - Proyecto Educativo de Centro


 Al acercarme a una clase enfocada en proyectos educativos, me encontré con una enorme incertidumbre respecto a qué tanta falta de formación previa iba a tener, así como a qué tanto iba a poder aportar desde mi lugar de compañero de clase. Esa incertidumbre se alivia  cuando lo abordado entra en terrenos familiares que me recuerdan, una y otra vez, sobre la importancia de los procesos interdisciplinarios.


El inicio del curso sirve como metáfora para todo lo que se ha venido dando después. Al armar un árbol enfocado en las instituciones educativas, contemplando qué está en las raíces, en el tronco y en sus ramas, queda plasmada la mirada ecosistémica con la que luego se van abordando los demás temas. Nada existe en un vacío, todo se alimenta de un cierto ecosistema, se sostiene en estructuras, y se expande en ramificaciones. De esta descripción abstracta es posible contemplar tanto los proyectos educativos, las propuestas terapéuticas o, hasta cierto punto, cualquier otra conformación organizacional. 
¿Y qué son entonces las raíces, tronco y ramas de una institución educativa?
Dependerá quizás de la institución en si misma, de sus bases idiosincráticas, contextuales, y de la infraestructura, sobre la que puede crecer una propuesta educativa de la que se desprenden las dinámicas internas entre docentes, con las familias, con los alumnos, y con la sociedad misma. Donde, en definitiva, la creación, difusión e intercambio del conocimiento se hace posible.

Acercarse a una institución para poder empezar a intervenir en ella me recuerda a la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire. En particular al planteo de la situación límite, en la que, para poder comprender la realidad del grupo en el que se interviene, es necesario poder colocarse en su situación límite. La concientización y la comprensión critica devienen de esto. Por supuesto, para Freire el principal educando oprimido era el adulto analfabeto, y esta no pareceria ser a priori la población en la que se enfoca este curso. Pero al hablar de acercarse a la educación y entender el contexto en el que nos encontramos, en particular cuando se examinan algunas cifras de contextos favorables contra contextos menos favorables, me resultó imposible no pensar en Freire y sus abordajes. En particular la idea central de que todo crecimiento personal o abordaje comunitario se hace en relación con los demás, la eduación es mutua, cooperativa, e inevitablemente, política.


La aproximación al campo nos plantea la pregunta de qué hacer, por dónde empezar, cómo establecemos prioridades. 
No todas las instittuciones se encuentran en la misma situación, el contexto en el que se encuentran los statisfactores básicos varía enormemente. Es fundamental comprender la situación de saneamiento, calefacción, tipo de construcción, el contexto socioeconó
mico del barrio y su ubicación geográfica. Los recursos disponibles a nivel de recursos humanos, y la dimensión comunitaria también es clave y varía. Vuelve a entrar en juego la dinámica inicial de plantear la institución como árbol, pero ahora visualizando elementos reales del centro educativo en el que vamos a participar.


Empiezan a entrar en juego las herramientas diagnósticas que van a orientarnos en nuestra aproximación al campo.
Al acercarse a una institución, una observación metódica nos va a ayudar a ordenar la información, adquirir un panorama general y establecer algunas prioridades, donde siempre prima la mirada sistémica. Entre las herramientas diagnósticas podemos contar con la observación, las entrevistas, la recorrida de los espacios, el acceso a acuerdos, pero lo fundamental será buscar hacer foco y sostener una espera activa. Ir desarrollando nuestras propias ideas mientras identificamos áreas en las que es necesario trabajar o hacer aportes.
Nada va a suceder de inmediato, esto es real para cualquier proceso en áreas complejas, sea a nivel comunitario, institucional o incluso en el vínculo terapéutico individual. Es clave sostener la paciencia, la progresividad y la gradualidad como elementos que nos va a ayudar a mantener el foco y tener presente el para qué estamos en donde estamos.

El para qué va a estar también directamente ligado a un completo fascinante, la dirección de la mejora. Al reflexionar sobre el cambio, y la tendencia natural a creer que cambiar es bueno, es bueno detenerse y hacer algunas preguntas antes de incorporar dinámicas o proponer modificaciones. El texto de Decálogo para la Mejora Escolar propone un esquema muy simple donde hay preguntas inciales que van a orientar cualquier posible cambio hacia una mejora, y no simplemente a modificar las cosas por el mero hecho de innovar en algo.




La dirección de la mejora entonces es el aspiracional que es bueno tener cuando se reflexionan sobre posibles cambios necesarios en una institución. ¿Qué cambia positivamente con nuestras propuestas y modificacione? ¿Tiene un impacto positivo a corto, mediano o largo plazo? ¿Están los recursos para implementar el cambio y sostenerlo?
¿El cambio que proponemos se basa en aquello que vale la pena conservar?
Hay una cautela saludable en hacerse esas preguntas, que son parte de la espera activa. 
Aguardar observando, analizando, valorando y luego a partir de allí planificando para cuando sea pertinente y estratégico plantear propuestas.

Lo que se fue dando hasta ahora ayuda en el momento de elegir el proyecto en el que se va a profundizar, y así reflexionar sobre los posibles problemas con los que mis compañeras y yo podemos llegar a encontrarnos. Dudo que exista una institución que no necesite mejoras, que no tenga problemas a resolver, prácticas instituidas que generan fricción o ineficiencias, dificultades sociales a atender, idiosincracias y otras instituciones con las que articularse.
En fin, al plantear un caso, incluso si se trata de una escuela o institución donde todas las necesidades básicas están resueltas, van a aparecer elementos que requieren evaluación y propuestas que sigan la línea de la dirección de la mejora.

Cuando Ruth Harf habla de los altibajos del evaluar instituciones, en el video "¿Todo es evaluable en una insitución? Pensar en sus placeres y penares?". Su manera de aproximar el tema, desde un estilo bastante coloquial pero enfático, plantea que la evaluación es justamente una herramienta para la mejora de la institución, tomando en cuenta lo que ya se tiene. Sus advertencias sobre no innovar por innovar, sino recordar que la función básica de una institución es generar los "espacios y clima" para la educación desde una acción colectiva. Propone una mirada desde la vida misma, y aquí aparece la perspectiva sitémica, tomando lo discursivo, lo cultural, tradiciones y estructuras. Ruth menciona en un momento el concepto de liderazgos situacionales, hablando de que no dependen solo de las estructuras jerárquicas de la institución y menciona que aquí pueden incluírse las familias, lo cual resulta de especial interés para el trabajo a realizar con mis compañeras. Es una idea provocadora la de no solo dar lugar a la integración de la familia en la institución, sino a contemplar modos en los que familiares de los alumnos puedan tomar roles de referentes cuando sea atinado.
Quizás la dificultad sea definir qué quiere decir "Cuando sea atinado", y seguramenten en eso se jueguen los valores y prácticas de la insitución.

Pensando en el corto "Meu Amigo Nietzsche" de Faustón Da Silva, además del ensayo a entregar, comencé a ponderar cómo sería intervenir en el instituto en el que estudia Lucas. Cómo integrar a la familia, cómo trabajar con los espacios del barrio, cómo articular mejor los roles internos de la insitución, pero fundamentalmente cómo evaluar desde mi lugar de extranjero, con otra situación económica y otra visión de la religión y la cultura. Cuánto tiempo me sería necesario hacer espera activa, observando, y evaluando antes de encontrar modos de intervenir que se integren a esa comunidad y sean en dirección de la mejora.


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